Trabajando en nuestra estabilidad emocional.

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miércoles, 10 de marzo de 2021

Recordando ando.

 HACE UN AÑO. 


Hace un año armamos planes para el fin de semana y celebrar en lo grande y con todos, un día más de la mujer. Se juntó el cumpleaños feliz de una compañera y decidimos hacer todo junto. Hace un año no imaginábamos que las voces de un virus que atravesaba un país a lo lejos bien lejos del nuestro siquiera nos tocaría. Hace un año cuando la noticia llegó, la palabra "cuarentena" nos pareció no sólo inusual sino casi fuera de contexto, no podíamos creer siquiera que fuera posible, pronunciarla era inimaginable, al menos NO en nuestro país, NO en nuestro terreno. 

 Sin embargo, cuando por curiosidad en la droguería al preguntar por tapabocas (por la rinitis que me acompaña de hace años) la respuesta aparte de negativa fue extraña, la mirada acusadora y terrorífica por quien pregunta por algo prohibido, me hizo sentir que algo definitivamente no andaba bien. La cosa empezó a tornarse oscura, cuando en varios intentos a diferentes droguerías llamaba por tapabocas y alcohol, y como si estuviera preguntando por cosas recién sacabas al mercado y de uso inusual empezamos a escuchar la famosa frase “Están agotados”. ¿Pero, cómo qué ha pasado?

Y no fue hasta ese viernes de marzo cuando terminábamos jornada y al tradicional “hasta mañana niños, descansen” debimos agregar: “estén atentos a las noticias, ahí nos dirán si tenemos o no clases”. Y desde entonces, no hemos vuelto a ver a nuestros chiquitines. Un año ha pasado ya de eso, y mi mente me engaña creyendo que al volver a clases los veré de nuevo en mi salón. 

Nadie hubiera imaginado todo lo que este año nos trajo. Lecciones, si, muchas, una de ellas, “todo es efímero” por eso debemos vivir cada momento, y vivirlo intensamente cuidando de aprovechar positivamente los milagros que nos da la vida. 

Fue un año, como otros, cumplió sus 365 días, pero nos recordó que cada uno se debe vivir como el último. Aprendimos el verdadero significado del AMOR, que por cierto andaba como perdido, por amor, dejamos de vernos, de abrazarnos, de besarnos, por amor ni siquiera con todo y lo que nuestro deseo dictaba, nos saludábamos de mano. Reaprendimos nuevas formas de hablarnos, sacamos provecho a lo que a veces criticábamos, las redes, los aparatos electrónicos, y todo cuanto nos pudiera conectar se convirtieron en nuestros aliados.

Debimos aprender a expresar nuestros sentimientos y emociones a través de una pantalla, rescatamos la tradicional frase del teléfono en sus inicios “sirve para acortar distancia”. Estar en casa nos significó reevaluar nuestro qué, cómo, cuándo. Al principio, se pensó que efectivamente como cuarentena, serían los 40 días más loquillos en casa, y que después todo seguiría “normal”, normal, ja ja ja, cómo si esta palabra pudiese ser definida. 

El sonido de las sirenas al llegar la hora del toque de queda, el recordatorio del barrio desde el megáfono, el revuelo del helicóptero, la policía motorizada anunciando los cuidados y las reglas del confinamiento, si esto no era una película, ni un sueño de los que me albergan, entonces, ¿Estoy despierto? Al principio fue complejo asimilar ya que estas acciones lejos de hacerme mantener la calma me llevaban a creer que este estado de cuidado iba a enloquecerme o disparar los nervios. 

Los días iban pasando, asomarnos a la ventana ya era casi considerado una amenaza. Salir de nuestras casas no podía ser concebido y si llegase a darse debías cubrirte de tal manera que no hayas diferencia entre un astronauta y tú. Los cuidados para algunos eran extremos para otros casi nada, pero como bien dice una amiga del pasado “a la hora de defenderse nadie hace menos que nadie” así que no importaba que nuestro glamour en el vestir, peinar y maquillar pasarán a un… bueno no sé qué puesto, ahora lo primordial era estar lo más cubierta y protegida posible, y eso si era extremamente necesario salir, de lo contrario “quédate en casa”. 

Durante el confinamiento debimos ver como muchos seres queridos, amigos, conocidos, vecinos, dejaban este mundo y se fueron al descanso eterno, y ni siquiera en esos momentos pudimos vernos, algunos partieron conociendo este virus que nos acecha, otros por diversas afecciones de salud, debimos vivir esos momentos de angustia, dolor y tristeza desde la distancia, saber que tu ser querido enferma y no poder verle, es angustiante, acompañar a través de video llamadas desvelos y agonías frente a un quirófano, es desgarrador, ver a tu ser querido en un ataúd y acompañarle hasta su morada final por zoom porque era lo más accesible, es indescriptible. Eso vivimos muchos en este año. 

Ver que un nuevo ser querido ingresar a una clínica, enterarte que tiene un pronóstico no imaginado, acompañar, motivar y alentar desde video llamadas, ser la voz que todos quieren escuchar así por dentro estés vuelta nada, ser la porrista en los días de desesperanza, hablar del amor, la fe y la confianza, cuando todo a tu alrededor está cuesta abajo, sortear las salidas entre los picos y cédula, permisos especiales para estar fuera de casa, aprender que cuando amas, la vida te cambia, así estemos pasando por la crisis más fuerte y amarga.  

Este año nos ha dejado con la mano en el corazón la más linda de todas las enseñanzas, no somos dueños de nada, pero somos dueños de todo. Todo lo material se queda, es efímero, fugaz, vano, mientras que todo lo vivido, las emociones, los momentos, son nuestros y nada ni nadie nos lo puede quitar. 

¿Cómo hemos superado este año? Recordando lo feliz que somos cuando estamos al lado de nuestros seres queridos, soñando y anhelando poder volver a verlos y abrazarlos como si en ello nuestra vida quedase consumida. Imaginando ese momento en que todo esto haya pasado y las familias puedan volver a abrir sus puertas y celebrar, y no precisamente con bebidas y comida. Sino con alegría, amor, resiliencia, valorando cada detalle, cada segundo como único y entendiendo que la vida siempre ha sido igual, somos nosotros quienes no entendemos lo importante de la misma, y debemos ser sacudidos por nuestras consecuencias para revalorar y rescatar la esencia de lo que realmente somos, seres humanos con emociones, sentimientos y una inigualable fuente de amor por dar y recibir. 

Todos los que hoy estamos en este 2.021 recordamos todo esto y más, seguimos luchando, y lo mejor, confiamos que pronto todo será superado, nada es bueno o malo, son lecciones, que a veces nos cuestan más lágrimas de las esperadas, nos tocan el corazón, el alma, quizás en el momento no lo entendemos, pero pronto papito Dios nos va mostrando la razón de todo esto, y sus milagros no se hacen esperar.

Toda tormenta llega a su calma, los seres queridos que hoy no están a nuestro lado, gozan de un eterno descanso en los brazos de nuestro Señor y aunque siempre nos ha de doler su partida, hace parte del ciclo de la vida, y con ello nos consolamos, creyendo y con la esperanza que están en un regazo libre de dolor y los que aún estamos en esta lucha un abrazo con todas las fuerzas que pueda transmitirles desde estas palabras. No es hora de bajar los brazos, al contrario, si estamos acá es precisamente porque hemos logrado sortear estas vicisitudes y mientras sigamos respirando debemos esforzarnos por dar lo mejor de nosotros así todo se vea en contra. La vida es bella, aunque no entendamos si nuestra huella es ahora en nuestra presencia y cuando estemos ausentes, o mejor en ambas. Mientras, seamos felices y gocemos del milagro con el que Dios nos ha premiado en el día a día...LA VIDA. 

Sthephanie Margarita.