TRASTORNO SOMATOMORFO
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DEFINICIÓN GENERAL
Desde el punto de vista histórico se conoce como síndrome de Briquet. Se estima que ocurren en el 3% de las mujeres y es raro en los varones. Se inicia a menudo en la adolescencia y, por definición, antes de los 30 años. Hay una tendencia familiar siendo más comunes en familiares el trastorno de personalidad antisocial y el abuso del alcohol . (1) Es una afección crónica en la cual hay numerosas dolencias físicas, que duran por años y ocasionan desajustes sustanciales, causadas por problemas psicológicos y para el cual no se puede identificar ningún problema físico subyacente . (2)
El trastorno de somatización se define por la presencia durante al menos dos años de múltiples y variables síntomas físicos que sugieren un trastorno médico pero que no se explican completamente por ninguna enfermedad médica conocida. Estos pacientes se caracterizan por frecuentes consultas médicas y por una difícil relación médico-paciente. El uso de las medicinas alternativas está incrementándose continuamente en occidente y parece estar fuertemente asociado a trastornos crónicos y con la calidad de la relación médico-paciente (3). Se caracteriza por la existencia de múltiples síntomas somáticos recurrentes y variados, que no se explican por hallazgos físicos o de laboratorio y que están presente durante muchos años, antes de que el enfermo sea remitido al psiquiatra .(4)
El trastorno por somatización, es la presencia subjetiva de una dolencia (no hay pruebas físicas probables de trauma o enfermedad), donde se ve afectada la parte anímica, física y psicológica de la persona, la cual implica una mayor preocupación por ésta, desmejorando la atención y cuidado de otras de mayor y real relevancias.
EPIDEMIOLOGÍA
La prevalencia de vida del Trastorno por somatización en la población general se estima entre 0.1 a 0.2 %, sin embargo, varios grupos de investigadores creen que las cifras actuales bordearían el 0.5 % (Portegijs, 1996; Escobar, op. cit.). (5) La proporción de mujer – hombre es de 5 a 1. Entre un 5 a un 10% de los pacientes de las consultas de medicina general pueden cumplir los criterios para un trastorno de somatización. (6)
Los problemas psicológicos son frecuentes como motivo de consulta en el nivel primario de atención de salud, así como en servicios médicos generales y consulta especializada. En los diversos estudios que han documentado este hecho se han utilizado instrumentos diagnósticos estandarizados para homogenizar y hacer comparables los resultados. En la medida que ha aumentado la preocupación social y de los planificadores en salud por los progresivos costos de la atención médica, se ha hecho más necesario conocer el impacto comparativo de los trastornos emocionales en los servicios de salud, y especialmente a nivel de su puerta de entrada, como son los consultorios de nivel primario. (7) Se hace nota aquí que esta política de salud es de socialización extranjera, aún no aplica para Colombia.
Este trastorno se caracteriza por un patrón de dolencias físicas múltiples que involucran algún sistema corporal y que persisten por años. Las dolencias más frecuentes involucran dolor y problemas crónicos con el sistema digestivo, el sistema nervioso y el sistema reproductor. Este trastorno usualmente comienza antes de los 30 años y tiende a ser más frecuente en las mujeres. La somatización está ampliamente estigmatizada y a menudo los médicos desestiman a los pacientes con el argumento de que el problema "está en sus cabezas". Sin embargo, a medida que los investigadores estudian las conexiones entre el cerebro, el sistema digestivo y el sistema inmunológico, estos trastornos se comprenden mejor y no se deben ver como condiciones "simuladas" que el paciente podría resolver a voluntad. Los síntomas son tan severos que interfieren con el trabajo y con las relaciones interpersonales y llevan a la persona a ver a un médico e inclusive a tomar medicamentos. Por lo general, hay antecedentes de toda una vida de "enfermedad". Sin embargo, a pesar de una investigación completa, nunca se identifica una causa física subyacente específica como la responsable de los síntomas. Los síntomas a menudo empeoran con el estrés. (8)
Muchos síntomas no explicables por causas fisiopatológicas pueden ser atribuidos a orígenes psicosociales. Los médicos generales tienden a diagnosticar menos los trastornos de somatización, aunque la presencia de este diagnóstico tiende a aumentar el uso de servicios médicos de salud. Asimismo, la somatización se ha asociado a un número de diagnósticos psiquiátricos incluyendo trastornos depresivos, ansiosos, fóbicos, así como a sintomatología psicótica. Además, varios estudios han mostrado una asociación entre trauma y la presentación de síntomas somatomorfos. Castillo et al. encontraron que la mayoría de sus pacientes reveló la existencia de traumas más comunes: abuso o descuido infantiles, violencia interpersonal adulta, o ser testigos de muerte o violencia. Aún más, la vasta mayoría de los pacientes somatizadores de su muestra informó haber experimentado uno o más traumas a lo largo de su vida. (9)
ETIOPATOGENIA
Factores psicosociales:
La causa del Trastorno por Somatización no se conoce. Entre las causas posibles de este trastornos se hayan el tipo de comunicación social, expresión de sentimientos, o simbolizar creencias o sentimientos, vínculos familiares, inestabilidad familiar, maltratos y/o abusos físicos en la infancia. Además, el tipo de enseñanza y ejemplo paternos, así como las tradiciones culturales, serían predisponentes para que algunos niños somaticen más que otros. Así vemos que factores sociales y culturales estarían involucrados en la génesis de este trastorno.(10)
Factores biológicos:
Aparece en un 10 a un 20% de los familiares femeninos de primer grado.(11) Hay estudios que proponen bases neuropsicológicas para el trastorno por somatización. Estos postulan que los pacientes tendrían déficit cognitivos y atencionales característicos, que resultan en una percepción y evaluación defectuosa de los inputs somatosensoriales. Las alteraciones descritas incluyen distractibilidad excesiva, inhabilidad para habituarse a un estímulo repetido, agrupación de constructor cognitivos sobre una base impresionista, asociaciones parciales y circunstanciales y falta de selectividad, como se indica en estudios de potenciales evocados. Un número limitado de estudios de imágenes cerebrales, ha reportado un metabolismo disminuido en los lóbulos frontales y en el hemisferio no dominante. (12)
Factores genéticos:
Habría también factores genéticos en la presentación de este trastorno. Los datos indican que tiende a darse en familias, ocurriendo en el 10 a 20 % de los familiares femeninos de primer grado de un paciente con trastorno por somatización. En estas familias, los parientes masculinos de primer grado, estarían más propensos a ser abusadores de sustancias y a tener un trastorno de personalidad antisocial.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Las personas con trastornos de este tipo presentan una serie de quejas y síntomas físicos, pero las pruebas médicas realizadas no indican enfermedad orgánica alguna o, si hay alguna enfermedad, no puede explicar sus síntomas, ya que el origen de dichos síntomas es psicológico. Suelen presentarse en las consultas de los médicos convencidos de que sus síntomas se deben a alguna enfermedad física y a menudo no aceptan la posibilidad de una etiología psicológica. Los síntomas aparecen en periodos de estrés. (13)
La sintomatología clínica es muy variada e incluye nauseas, vómitos, dificultad para tragar, dolor en brazos y piernas, respiración entrecortada no relacionada con el esfuerzo, la amnesia y las complicaciones del embarazo y de la menstruación son algunos de los síntomas más comunes. Las patologías psiquiátricas más frecuentes son la ansiedad y la depresión. La historia clínica es imprecisa, vaga y desorganizada. Los rasgos de personalidad más frecuentes son: personas dependientes, egocéntricas, ávidas de admiración o afecto manipuladores. Los episodios de aumento de la gravedad de los síntomas duran entre 6 y 9 meses y pueden estar separados por períodos de menor intensidad de 9 a 12 meses.(14)
Entre otros de los numerosos síntomas que se pueden presentar con el trastorno de somatización incluyen:
• Dolores abdominales
• Distensión
• Diarrea
• Dolor de espalda
• Dolor articular
• Dolor durante la micción
• Dolores de cabeza
• Palpitaciones
• Dolor en el pecho
• Mareos
• Cambios en la visión
• Parálisis o debilidad muscular
• Apatía sexual
• Dolor durante la relación sexual
• Impotencia
• Menstruación dolorosa
• Menstruaciones irregulares
• Sangrado menstrual excesivo
Es importante tener en cuenta que muchos de estos síntomas también pueden ser ocasionados por un trastorno físico. Si se experimenta alguno de ellos, es necesario hablar con el médico para descartar posibles causas antes de hacer un diagnóstico de trastorno de somatización.(15) No hay consenso general sobre la génesis del trastorno, pero los factores psicológicos desempeñarían una función de primer orden. Entre éstos lo más destacable es un intento de afrontar necesidades de dependencia.
Clínicamente se caracteriza por múltiples síntomas físicos que recurren durante varios años y en los que no se ha identificado una alteración física. Las manifestaciones más comunes son:
• Sistema nervioso: Amnesia, disfagia, disfonía, sordera, diplopía, visión borrosa, ceguera, pérdida de conciencia, "ataque" o convulsión, paresia o parálisis, marcha alterada.
• Sistema gastrointestinal: Vómito, dolor abdominal, náusea, meteorismo, diarrea, intolerancia alimentaría.
• Sistema reproductor femenino: Dismenorrea, irregularidad menstrual, menorragia, emesis dravídica.
• Sistema cardiopulmonar: Disnea, palpitaciones, dolor toráxico, mareos.
• Dolor: En extremidades, de espalda, articular, miccional, otros salvo el de cabeza.
• Trastorno Psicosexual: Indiferencia sexual, ardor en órganos sexuales, impotencia, dispaurenia.
Suelen acompañar a este cuadro un trastorno de personalidad histriónica y, en menor frecuencia, un trastorno de personalidad antisocial. Son comunes los problemas laborales, interpersonales y de pareja.
El diagnóstico diferencial debe hacerse con trastornos físicos que producen síntomas poco claros o múltiples. Entre estos podemos mencionar: Esclerosis Múltiple, Lupus eritematoso sistémico. Hiperparatiroidismo y Porfiria. Es importante enfatizar que el inicio de síntomas después de los 30 años debe hacer pensar en una enfermedad física. La Esquizofrenia con delirio somático múltiple o la Depresión mayor con síntomas somáticos pueden confundirse con un trastorno de somatización.(16)
Muchas personas tienen a veces síntomas de este tipo sin que por ello padezcan un trastorno somatomorfo. Para diagnosticar este trastorno es necesario que los síntomas sean lo bastante graves como para interferir en la vida de estas personas (relaciones, trabajo, etc) e impedirles funcionar con normalidad.
Algunos autores piensan que ese trastorno se debe a un rechazo real o imaginado por parte de personas significativas. Las continuas quejas de dolor o síntomas físicos tendrían la función de obtener la atención de dichas personas y modificar su comportamiento, aunque esto se realiza de un modo inconsciente. Sin embargo, las quejas prolongadas infundadas suelen acabar suscitando más rechazo, el cual a su vez agravaría los síntomas.
Otras autores destacan el componente de aprendizaje de este tipo de trastornos. Se ha visto que es más frecuente en personas cuyos padres o madres han padecido enfermedades físicas (o trastornos somatomorfos) durante la niñez del paciente, sobre todo si obtenían algún beneficio de dichos síntomas. De este modo, siendo niños aprenden un modo de comportarse que consiste en utilizar los síntomas físicos para obtener atención, afecto, evitar situaciones estresantes, etc.
El abuso físico y sexual en la infancia, así como una historia de secretos familiares suele ser también un antecedente de estos trastornos. En estos casos suele darse una represión de las emociones (por ejemplo, cuando una familia niega la existencia de los abusos y nunca habla de ellos), de modo que los conflictos que no pueden ser expresados emocionalmente acaban siendo expresados mediante síntomas físicos. A veces es también un modo de pedir ayuda sin tener que hablar ni contar lo sucedido, como puede pasar en casos de abusos sexuales en la infancia. (17)
Signos y exámenes
• Se realizan un examen físico completo y exámenes de diagnóstico para descartar causas físicas. El tipo de exámenes que se deben hacer depende de los síntomas presentes.
• Se realiza una evaluación psicológica para descartar trastornos relacionados. (18)
El Trastorno por Somatización es un trastorno crónico y a menudo debilitante. Por definición, los síntomas deben haber comenzado antes de los 30 años y estar presentes por varios años más. Se caracteriza por episodios de incremento en la severidad de síntomas y de desarrollo de otros nuevos que durarían de seis a nueve meses, y que pueden estar separados por períodos menos sintomáticos, de nueve a doce meses. Sin embargo, es muy raro que un paciente con Trastornos por Somatización pase más de un año sin buscar algún tipo de atención médica.
Habitualmente, hay una asociación entre períodos de mayor estrés y la exacerbación de los síntomas somáticos. (19)
DIAGNÓSTICO
Criterios para el diagnóstico de F45.0 Trastorno de somatización (300.81)
A. Historia de múltiples síntomas físicos, que empieza antes de los 30 años, persiste durante varios años y obliga a la búsqueda de atención médica o provoca un deterioro significativo social, laboral, o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
B. Deben cumplirse todos los criterios que se exponen a continuación, y cada síntoma puede aparecer en cualquier momento de la alteración:
1. Cuatro síntomas dolorosos: historia de dolor relacionada con al menos cuatro zonas del cuerpo o cuatro funciones (p. ej., cabeza, abdomen, dorso, articulaciones, extremidades, tórax, recto; durante la menstruación, el acto sexual, o la micción).
2. Dos síntomas gastrointestinales: historia de al menos dos síntomas gastrointestinales distintos al dolor (p. ej., náuseas, distensión abdominal, vómitos [no durante el embarazo], diarrea o intolerancia a diferentes alimentos).
3. Un síntoma sexual: historia de al menos un síntoma sexual o reproductor al margen del dolor (p. ej., indiferencia sexual, disfunción eréctil o eyaculatoria, menstruaciones irregulares, pérdidas menstruales excesivas, vómitos durante el embarazo).
4. Un síntoma pseudoneurológico: historia de al menos un síntoma o déficit que sugiera un trastorno neurológico no limitado a dolor (síntomas de conversión del tipo de la alteración de la coordinación psicomotora o del equilibrio, parálisis o debilidad muscular localizada, dificultad para deglutir, sensación de nudo en la garganta, afonía, retención urinaria, alucinaciones, pérdida de la sensibilidad táctil y dolorosa, diplopía, ceguera, sordera, convulsiones; síntomas disociativos como amnesia; o pérdida de conciencia distinta del desmayo)
C. Cualquiera de las dos características siguientes:
1. Tras un examen adecuado, ninguno de los síntomas del Criterio B puede explicarse por la presencia de una enfermedad médica conocida o por los efectos directos de una sustancia (p. ej., drogas o fármacos).
2. Si hay una enfermedad médica, los síntomas físicos o el deterioro social o laboral son excesivos en comparación con lo que cabría esperar por la historia clínica, la exploración física o los hallazgos de laboratorio
D. Los síntomas no se producen intencionadamente y no son simulados (a diferencia de lo que ocurre en el trastorno facticio y en la simulación).(20)
Una vez que se han descartado otras causas y se diagnostica con certeza un trastorno de somatización, el objetivo del tratamiento es ayudar a la persona a aprender a controlar los síntomas. Usualmente, existe un trastorno subyacente del estado de ánimo que puede responder con tratamiento convencional, como los medicamentos antidepresivos.
El aspecto más importante del tratamiento es la relación de apoyo con un médico con el que haya empatía. Deben mantenerse citas médicas regulares para revisar los síntomas y los mecanismos que está utilizando la persona para vivir con ellos. Al paciente se le deben explicar los resultados de los exámenes y no es de mucha ayuda decirles a las personas que padecen este trastorno que sus síntomas son imaginarios.
Las personas con el trastorno de la somatización rara vez reconocen que su enfermedad tiene un componente psicológico y tienden a rechazar el tratamiento psiquiátrico. (21)
No existe un tratamiento específico para el Trastorno por Somatización en psiquiatría, y los resultados tanto de la aproximación farmacológica como psicoterapéutica son pobres en cuanto a la resolución definitiva del cuadro clínico, son moderados en el alivio de los síntomas y suele dar mejores resultados en el manejo del impacto psicosocial. Sin embargo, parece esencial una combinación de ambas estrategias para aminorar la sintomatología y el impacto psicosocial descrito.
Sin lugar a dudas el mejor o más apropiado de los tratamientos para ejecutar con pacientes con trastornos por somatización es el que involucra la empatía médico – psiquiatra donde juega prioridad la actitud del primero al aceptar la sintomatología y realidad del paciente, creando entonces, una dinámica de relaciones interpersonales que dan pie a la consecución de nuevas estrategias de tratamiento, el cual favorece para una futura ayuda psiquiátrica o psicoterapéutica y modificación de esquemas cognitivos.
Es preciso recordar que estos pacientes sufren de manera intensa por su padecimiento. Tener aquello en cuenta implicará una aproximación mejor al mundo del paciente, con una mayor comprensión de los significados que para ella o él (más raro) tienen los síntomas descritos. De otra manera, una rápida contra-actuación y rechazo del médico ante lo que siente como engañoso e inauténtico sólo redundará en la mutua descalificación, frustración y fracaso anticipados. (22)
También, hay la propuesta de llevar a cabo un tratamiento con un solo médico, quien visitará de forma regular (una vez al mes). Ante la aparición de un nuevo síntoma se evitará hacer nuevas pruebas diagnósticas y ded laboratorio. El médico de familia debe incrementar la conciencia del paciente de que existe la posibilidad de que factores psicológicos están implicados en los síntomas y deberá remitir al psiquiatra. La prescripción de psicotropos cuando existe ansiedad o depresión debe evitarse ya que estos pacientes tienden a usar la medicación de forma errónea. (23) Desde el punto de vista farmacológico es importante intentar prevenir el uso permanente de benzodiazepinas, que tienden a convertirse rápidamente en drogas paliativas inespecíficas con un alto potencial de abuso y dependencia en estos pacientes. La administración de antidepresivos con un perfil más sedante y cantidades pequeñas de antisicóticos, suelen tener mejores resultados en la percepción y en la disminución de la expresividad de los síntomas.(24)
Bajo la mirada de estudios realizados en Zaragoza y con la perspectiva de mejorar el tratamiento aplicado a los pacientes con trastornos por somatización, se extrae del documento original el modelo a seguir para alcanzar mejores y altos resultados positivos con respecto a éste, por lo cual se hace hincapié en la importancia de la intervención y tratamiento, para lo cual se expone:
NIVEL DE INTERVENCIÓN.
Al igual que en muchas enfermedades la clave de un buen tratamiento es tratar la enfermedad que realmente este padeciendo el paciente, pues, muchas veces por políticas del sistema de salud, se deben seguir ciertos esquemas que en casos específicos como el de los somatizadores crónicos, resulta grave, el tener como primera atención básica una atención generalizada en forma de ping pong, que genera en el paciente la angustia de ir de médico en médico, sin pronta solución a su malestar, es entonces, donde se le da pie para que empiece un ciclo constante de idas y venidas a diferentes médicos, mientras que él se ciñe a medicinas alternativas que van a conllevar a complicaciones en cuanto a atención se refiere y soluciones óptimas.
También, están los casos de las personas que asisten a especialistas sin incurrir en el anterior procedimiento, generando mayor preocupación, pues es el mismo paciente quien se autoreferencia y valiéndose de la práctica privada de algunas pruebas refuerzan su somatización.
Por ello en el modelo de Zaragoza se reitera constantemente la intervención sobre atención primaria, dando a su vez espacio para hospitales, unidades de salud mental y comunidad a través de estrategias preventivas, de acuerdo con la planteado por el grupo de Smith acerca de las recomendaciones terapéuticas, tenemos:
Tabla 01. Normas de buena práctica clínica en atención primaria con los trastornos de somatización.
1. El paciente ha de ser atendido por un solo médico, preferiblemente, su médico de familia.
2. Planificar citas regulares cada 4-6 semanas como máximo.
3. Consultas breves que sean posibles en la agenda del generalista.
4. Explorar siempre la zona de la que se queja el paciente.
5. Buscar signos. Los síntomas deben ser interpretados en un contexto comunicacional.
6. Evitar tests diagnósticos que no sean imprescindibles para evitar yatrogenia y gasto sanitario. Deben
7. solicitarse basados en los signos, no en los síntomas.
8. Evitar diagnósticos espúreos y tratamientos innecesarios.
9. Tranquilizar y reasegurar.
10. Derivar adecuadamente a los servicios psiquiátricos.
1. TIPO DE INTERVENCIÓN
Los tipos de intervenciones posibles en estas unidades y que han demostrado su eficacia son los siguientes:
Tratamiento Farmacológico.
Cuando se revisa la bibliografía sobre tratamiento farmacológico de los trastornos somatomorfos se observan los siguientes hechos:
• Apenas existen trabajos sobre el tema, lo que muchos autores interpretan como una muestra del rechazo que producen estos pacientes a los psiquíatras y su negativa a investigar sobre ellos.
• Las muestras estudiadas suelen ser heterogéneas y no suelen seguir las clasificaciones psiquiátricas sino que se agrupan por síndromes médicos como cefalea funcional, colon irritable, etc.
• Escasean los estudios controlados randomizados.
La conclusión es que no existe una suficiente base científica para realizar recomendaciones clínicas fiables en el caso concreto de los trastornos somatomorfos.
• Sistema analgésico mediado por opiáceos, que es bloqueado por la naloxona.
• Sistema analgésico no opiáceo, vehiculizado por el sistema serotonina-noradrenalina, que es donde actúan los antidepresivos. (25)
Tratamiento Psicológico
Las principales aproximaciones al tratamiento de los trastornos somatomorfos lo constituyen las terapias dinámicas, las cognitivo-conductuales y el enfoque educativo/de apoyo. Todas ellas pueden ser administradas a nivel individual o en grupo. Otros abordajes como el sistémico o el interpersonal apenas han intervenido sobre esta patología de forma documentada.
Psicoterapia dinámica:
Estudios de Guthrie: emplea psicoterapia breve (7 sesiones semanales) en pacientes con colon irritable.
Estudios de Taerk: utiliza psicoterapia de larga duración (2 sesiones semanales durante 2 años) en 2 pacientes con fatiga crónica.
1.2.1.1. Funciones del tratamiento:
a. Establecer una relación terapéuta-paciente intensa, personal e íntima.
• Comprender las distorsiones en las relaciones interpersonales que le impiden desarrollar relaciones insatisfactorias y le producen síntomas.
• Reparar estas distorsiones, trasladándolas al resto de sus relaciones.
Psicoterapia cognitivo-conductual.
Desde la perspectiva cognitivo-conductual, defendida por Sharpe, en los trastornos somatomorfos existen una serie de disfunciones:
A NIVEL DE COGNICIONES: (principal objetivo de este tipo de terapia):
• Convencer al paciente de ser débil, de ser incapaz físicamente, y sobretodo que los síntomas no siempre son una causa física, por tal razón puede o no estar enfermo, modificando la atribución de los síntomas hacia causas psicológicas o ambientales y explicando la importancia de la atención en la percepción de los síntomas.
A NIVEL DE CONDUCTAS:
• Evitar la inactividad física. Lo que mejoraría la atrofia muscular e incapacidad y evita buscar ayuda médica.
RESPECTO A LAS EMOCIONES Y LA FISIOPATOLOGIA:
• Controlar los síntomas asociados con trastornos de ansiedad y/o depresión, que se acompañan de síntomas neurovegetativos, que alimentan cogniciones hipocndríacas. Para el manejo de los aspectos fisiopatológicos se propone el entrenamiento en relajación.
RELACIONES INTERPERSONALES
• Fortalecer las relaciones interpersonales. Prioridad en los casos de familias solícitas o presencia de médicos ambiguos. Se emplean técnicas como entrenamiento en habilidades sociales, desarrollo de la asertividad y terapia de resolución de problemas para el manejo de conflictos.
Modelo Educativo De Apoyo
Descrito por el grupo de Smith se realiza en grupos de 8-10 pacientes
Objetivo: Promover la ayuda mutua entre los miembros, compartir métodos de afrontamiento de los síntomas físicos, aumentar la capacidad de los pacientes para expresar emociones y disfrutar con la experiencia.
Duración: 8 sesiones de 90 mn.
• Se fomenta un ambiente de tipo educativo, no psicoterapéutico.
• Cada sesión expone un tema acerca de: cómo afrontar las molestias físicas, la aserividad en las relaciones interpersonales, cómo adquirir más control en la vida diaria y cómo resolver problemas.
• Se ve mejoría en los pacientes que asisten al grupo en cuanto a salud psicológica, funcionamiento físico y salud general percibida por el individuo.
1.2.3.4. Otras psicoterapias.
• La psicoterapia de grupo ha sido ampliamente utilizada. El abordaje educativo o de apoyo, ya comentado, se oferta en formato grupal casi siempre porque en grupo son más fáciles los procesos de aprendizaje.
• La terapia cognitivo-conductual también se ha utilizado en grupo. Se realiza en unas 8-10 sesiones de 60-90 minutos.
• La Psicodinámica: Es interesante conocer las fases que atraviesan estos pacientes durante la psicoterapia grupal y que ha sido descrita por algunos autores (38-40):
• Primer mes y medio: Abandonos precoces: Se calcula que casi el 50% de estos pacientes no aceptan ser tratados en grupo y los bandonan. Por eso es necesario, antes de ofrecerles esta trerapia, haber establecido una relación suficientemente estrecha con el terapéuta.
• Mes y medio- tres meses: Lucha por el afecto del terapéuta. Consiste en una competición entre los pacientes por ser reconocidos como aquél que se encuentra más enfermo y que padece el síntoma más incapacitante y, por lo tanto, requiere mayor atención por parte del terapeuta.
• Tres – Cinco meses: Expectativas mágicas en el terapéuta: El deseo de encontrar el médico o el fármaco que les cure, hace que en cada nueva intentona terapéutica depositen una esperanza poco realista en la efectividad del tratamiento en curso.
• Cinco – Ocho meses: Ira hacia el terapéuta. Como las expectativas no se ven cumplidas, los pacientes desarrollan una enorme frustración e ira que depositan en el terapéuta a quien acusan de ser incapaz de curarle y le desprestigian.
• Ocho – Doce meses: Ira hacia la enfermedad. Si se supera esta fase, el paciente es capaz de identificar el auténtico problema que no es el terapeuta sino la enfermedad. Es ella quien le produce la incapacidad y el sufirimiento y es hacia ella adonde se dirige la ira.
• Segundo año: Grupo funcionante. A partir de este momento se inicia el "fenómeno de espejo". El paciente puede ver en los demás sus propios mecanismnos de defensa y comprenderlos. Descubre como los otros pacientes utilizan la enfermedad como excusa, como medio de afrontar lasa dificultades. Este es un descubrimiento que le acerca al fracaso de su vida y a la necesidad de culpar a la enfermedad de dicho fracaso.
Esta terapia también se ha demostrado efectiva aunque se ve limitada por su enorme duración (26)
Prevención
La asesoría u otra intervención sicológica pueden ayudar a las personas que son propensas a la somatización a aprender otras maneras de manejar el estrés, lo que puede ayudar a reducir la intensidad de los síntomas. (27)
CONCLUSIONES
Los trastornos somatomorfos tienen una peculiar característica que le implica gran responsabilidad, como es el caso de la presencia de síntomas corporales que no se hayan sujetos a enfermedad o trastorno físico. En los trastornos por somatización se ha podido observar la amplia gama de sintomatología que puede llegar a presentar el paciente, haciendo recurrente el diagnóstico diferencial. Además se puede palpar la influencia de aspectos de tipos biológicos, psicológicos y sociales como detonantes para crear crisis de somatomorfos. Debido a la poca literatura existente acerca de este trastorno, se complica un poco más el seguimiento y tratamiento de la enfermedad, pues sin lugar a dudas, no hay herramientas suficientes para entrar de lleno y explorar el verdadero mundo de los somatizadores.
Aplicando los tratamientos de tipo conductual, cognitivos, de apoyo y psicoterapia dinámica, se puede osar en afirmar que el éxito de éstos se haya reflejada en la empatía existente entre médico – paciente, no obstante se debe sumar la influencia considerable de los vínculos interpersonales y las condiciones que el ambiente tanto familiar como laboral ofrezcan. Confirmando lo anteriormente anotado, con respecto a los factores biopsicosociales. Se recuerda que en cuanto a la orientación farmacológica, se trabaja en función de la comorbilidad, ya que no hay una especificidad de dolor física comprobada.
Mientras surgen nuevos estudios y dejando abierta la posibilidad de incrementar los ya existentes se debe coordinar el trabajo con los pacientes somatizadores bajo los diferentes tipos de intervención, ya que son las herramientas con las cuales se garantiza el bienestar de los pacientes y además brindan resultados de seguimientos y valoraciones que han de servir para conocer más acerca de este trastorno. Pues aunque no se es lineal, y no todos los casos son iguales, existen los criterios de diferenciación, de gran ayuda para detectar a tiempo estas enfermedades.
El mundo dedica indefinidas cantidades de tiempo, dinero, talento humano en investigaciones que si bien son de provecho, no lo son tanto como el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, y para ello, sería conveniente estructurar y documentar más a la población con respectos a medidas preventivas en cuanto al conocimiento de los signos y síntomas de algunas enfermedades que atropellan a la salud mental.
Los trastornos por somatización son muchos más frecuentes, pero la falta de manejo y orientación distorsionan el buen manejo de la enfermedad. Deteriora la calidad de vida de quienes la padecen e indudablemente de sus allegados, genera además un alto costo, pues los pacientes al no tener un adecuado tratamiento y desconociendo su verdadero significado, invierten grandes cantidades de dinero en tratamientos poco favorables e inadecuados, lo cual a su vez provoca, un rechazo por parte de los profesionales, quienes ante situaciones de pacientes descontentos, sienten la necesidad de rechazarlos para no entrar en dilemas acerca de efectividad y eficiencia.
El gran problema de los trastornos por somatización radica en la falta de información tanto de los que la padecen como de los que la tratan, pues si bien es cierto, la clave para el manejo de esta como de cualquier otra enfermedad es la empatía, confianza y responsabilidad que exista entre las partes. A esto le sumamos la poca atención asistencial que prestan algunas entidades de salud a nivel nacional.
BIBLIOGRAFIA
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25. García Campayo Javier, Sanz Carrillo Concepción. La percepción de los síntomas somáticos en el ser humano. Unidad de Trastornos somatomorfos: el modelo Zaragoza.
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27. Actualizado: 6/18/2004 Versión en inglés revisada por: A.D.A.M. editorial.
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