Trabajando en nuestra estabilidad emocional.

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viernes, 13 de junio de 2025

En las manos vacías, la magia.

 Hay días en los que enseñar se parece más a respirar que a explicar. Días en los que un abrazo, una mirada, una idea "descabellada" de un niño, te recuerda que estás justo donde debes estar.

No soy de esta zona. Vengo de la costa norte y, aunque las diferencias culturales no han sido un obstáculo, sí han sido una maravillosa oportunidad para aprender, para acercarme más a mis estudiantes y enriquecerme con cada experiencia. La diversidad en el aula comienza por mí, y se extiende a cada historia que me rodea.

Recuerdo una jornada especial, de esas donde no se llevan útiles, solo disfraces, emoción y ansiedad. Bromeé con mis estudiantes diciendo que íbamos a hacer un dictado. No había cuadernos, pero bastó con mi palabra. De inmediato, comenzaron a hacer como si escribieran, como si dibujaran. Algunos se acercaron a mí con las manos abiertas, “mostrándome” lo que habían hecho. Fue mágico. Como si dijeran: “Aquí está mi esfuerzo, aunque no lo veas”. Y eso me lo enseñaron ellos: la fuerza de lo invisible, la creatividad que nace incluso cuando parece que no hay nada.

Con el tiempo, he aprendido que los niños no solo deben ser escuchados, también deben ser entendidos. Que muchas veces, sus ideas, aunque parezcan sin sentido, tienen una lógica profunda cuando se les presta atención. Que sus palabras son puertas. Y que el abrazo, ese gesto que al principio me costaba dar, puede convertirse en un lenguaje silencioso que dice “aquí estoy, contigo”.

Si algún día alguno de mis estudiantes me recuerda, ojalá sea porque creyó en sí mismo, porque descubrió que sí podía, aun cuando pensaba que no. Quiero que sepan que todo lo que hago es por ellos, para que aprendan a ser independientes, críticos, respetuosos… y sobre todo, para que nunca olviden que llevan dentro una fuerza de fe y amor capaz de mover montañas.

A veces, ellos no saben que ya saben. Y ahí es donde entro yo: para ayudarles a identificar ese saber, ese para qué, y ese por qué.

Porque en este oficio, no hay mayor recompensa que ver florecer lo que sembraste con el alma.


“Grandes ideas, pequeños estudiantes, impacto ilimitado”
— Así se siente mi aula. Así late mi vocación.



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